Wigberto Jiménez Moreno

1947-1985

Nació en León, Guanajuato, en 1909, en el seno de una familia tradicional y de clase media. Fue en buena medida autodidacta. Cursó varias materias de ciencias sociales en la UNAM y en Harvard. Llegó a ser experto arqueólogo, filólogo, etnógrafo e historiador. Estuvo en el Departamento de Etnografía del Instituto Nacional de Antropología e Historia en el decenio de los cuarenta; fue director del Museo Nacional de Historia entre 1953 y 1956 y jefe del Departamento de Investigaciones Históricas del INAH en el decenio de los años sesenta. A partir de 1947, durante treinta y ocho años fue ocupante del sillón 16 de esta Academia.

Si se le decía maestro Jiménez era porque enseñó en cosa de doce instituciones de educación: en su juventud, en la secundaria y en la normal de León. Desde el quinto lustro de su vida en el Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía, y desde que cumplió treinta años, la UNAM, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, el México City College y la Universidad Iberoamericana. A partir de 1960 fue muy solicitado como maestro en las universidades de Texas, Illinois, Minnesota, Wisconsin, Arizona y Los Ángeles. Sus exposiciones orales o conferencias, cuya duración siempre excedía con mucho a la normal, eran frecuentes y muy frecuentadas.

Aunque llegó a labrarse el prestigio de caudaloso historiador oral y de ágrafo, escribió abundantes artículos, folletos y libros de pocas páginas. Su obra escrita cubre una enorme variedad de temas. Arrancó con un Brevísimo resumen de historia antigua de Guanajuato que se publicó en 1933. En los veinticinco años siguientes usó la pluma para hacer mapas lingüísticos, bibliografías etnográficas, colecciones documentales, estudios arqueológicos tan importantes como el que lleva el título de Tula y los Toltecas (1941), análisis filológicos sobre “origen y significación del nombre otomí” y “Fray Juan de Córdoba y la lengua zapoteca”; estudios a fondo de códices indígenas; el magnífico ensayo sobre “Fray Bernardino de Sahagún y su obra». Anduvo metido en mil temas: “El enigma de los olmecas” (1942), “La colonización y evangelización de Guanajuato en el siglo XVI” (1944), “Esquema de la historia de la población de México” (1944), “La enseñanza y la investigación histórica en la ENAH (1944) “Historia antigua de la zona tarasca” (1948), “Preservación y fomento de la cultura regional” (1948).

En 1949 empezaron a circular sin su consentimiento y en edición mimeográfica sus lecciones de Historia antigua de México. En los años siguientes se mantuvo en su desorden temático. Fue de “Los orígenes de la provincia franciscana de Zacatecas” (1950) a “Historical importance of Xaltocan” de “50 años de historia mexicana” a “Derecho político” (1953). Anduvo metido en la monumental Bibliografía indigenista de México y Centroamérica (1954) y en una brevísima “síntesis de la historia pretolteca de Mesoamérica” (1959). Un año antes había reunido en volumen varios Estudios de historia colonial. En 1963, Jiménez y Miranda lanzaron una Historia de México que ha sido muy bien recibida en la enseñanza secundaria. Luego anduvo metido en “El hallazgo de los restos del padre Kino” (1966), Las lenguas y las culturas indígenas de Baja California y cien temas más. Del inquietísimo profesor Jiménez Moreno, que esparció de vida voz y por escrito numerosos datos e interpretaciones de la vida mexicana, se han derivado numerosas interpretaciones históricas escritas por los oyentes y lectores de tan ocurrente maestro. En 1982 fundó El Colegio del Bajío, y tres años después, cuando el colegio establecido en León, Guanajuato, despegaba, la muerte lo separó de él.

Luis González y González